La Sosenga

La Sosenga se define como “un restaurante catalán con un aspecto gastronómico contemporáneo”. Me ha gustado especialmente el nombre del restaurante, que hace referencia a una receta recogida en el libro Sent Soví (1324), que es un recetario de cocina medieval, de autor anónimo y escrito en catalán. El cocinero Marc Pérez, fue quien abrió este negocio hace un par de años junto a su pareja, la gaditana Tania Dobas, que lleva la sala. Productos de proximidad y ecológicos y vinos naturales son sus principales características. Ha aparecido publicado en numerosos periódicos y se puede decir que está de moda.

Funcionan con dos turnos (13h y 15h), lo cual para mí es un criterio para no ir, pero en este caso me salté mis propias normas por el interés en conocer el restaurante. Lo más sorprendente es que te hacen esperar en la calle, una callejuela en pleno barrio gótico, hasta exactamente la hora fijada, momento en el que sale una camarera y va pasando lista a los comensales que pacientemente y con algo de incredulidad nos acumulabanos en la puerta.

¿Y en qué consiste su propuesta? Ofrecen un menú degustación por 32€, cambian el menú cada principio de mes, con agua filtrada y una ración de pan minúscula, lo que te lleva a pedir al menos otra más (3,5€). En cuanto al restaurante en sí, fue una taberna popular en el barrio, Mercè Vins (aún se conserva un cartel con el nombre) y, en esa moda actual de mantener antiguos bares tal como eran, en plan “vintage”, te hace comer en un comedor algo destartalado, con azulejos viejos y rotos, sillas viejas, etc. Debe ser que me hago mayor, pero creo que la sala hay que cuidarla un poco cuando se está hablando de tickets medios de 35/40€ pp.

Comienza el menú con Mantequilla, “oruga” y pan hechos en casa. La salsa oruga es una elaboración de origen medieval hecha a base de hojas brásicas (mostaza, rúcula…), vinagre, especias, miel y frutos secos. En la época, se utilizaba como acompañamiento de proteínas animales (carne o pescado).

Croqueta de pollo a la catalana con piñones y ciruela. Bien

Coca de bonito marinada, hinojo marino y praline de almendra

Topinambur con una holandesa de trompeta picada de avellanas y anguila ahumada

“Escudella galet i pilota”. Un guiño a las fechas navideñas ya que es un plato tradicional catalán de esta época. Muy sabroso el caldo.

Seta de cardo, romesquet y gamba roja. Nos explicaron esta seta como una seta de castaño, que no conocía y por lo que he leído “es una seta autóctona catalana que se puede encontrar en la región del Montseny y que se caracteriza por su textura y forma, parecida a la de una flor. Se denomina así por crecer junto a los castaños, pero el nombre que más la ha popularizado por todo el mundo es el japonés Maitake”. Fue un plato sabrosísimo. El mejor del menú para mí.

Canelón de carne rustida con bechamel de trufa champiñones. Muy rico, lástima que fuera tan pequeño.

Como prepostre, quesos catalanes de pasto con mermeladas caseras.

Con el postre daban dos opciones a elegir una, así que elegimos las dos para probarlas: Setas, algarroba y pino. Tenía un sabor peculiar, no para todos los gustos. A mí me gustó.

Y tarta de queso, cremosa y muy rica.

La cuenta fue de 77€ con una copa de vino y cerveza para dos personas. Me pareció un precio razonable para la calidad de las preparaciones. Mi valoración es que es un restaurante que merece la pena conocer, por lo innovador de su cocina y su planteamiento. Lo que no tengo claro es que fuera a repetir la visita.

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