Haddock

Este acogedor restaurant está dirigida por el chef Franc Monrabà (formado en cocinas como la del desaparecido Racó de Can Fabes) donde prevalece el ambiente informal sin desmerecer una solidez en su concepto gastronómico basado en una cocina tradicional de guisos y buen producto. No pude dejar de preguntar por qué llamó Haddock al restaurante, a lo que el chef nos comentó que era porque tenía cierto parecido con el entrañable capitán tintinesco, tanto en el físico como en su forma de ser.

Comenzamos con unas sardinas en saor, un plato típico veneciano (saor proviene directamente del dialecto veneciano y significa “sabor” o “condimento”) con un escabeche agridulce donde se alternan sardinas fritas con una confitura de cebolla, pasas y piñones. Un buen comienzo.

Rossinyols (rebozuelos) a la francesa, una salsa muy fina (probablemente de mantequilla y chalotas) que potenciaba el sabor de las setas. Un platazo que no pude ni fotografiar, por lo que tuve que pedir la foto a mi acompañante.

Continuamos con un plato tradicional catalán: Fricando de ternera con “carreretes”, un tipo de seta pequeña y comestible, más conocida en español como senderuela o seta de carrerilla. Un guiso de fondo intenso para mojar pan,

Por último, aún nos atrevimos con sus callos, que tenían buenas referencias, y cumplieron con creces, aunque un poco más de picante no le habría venido mal.

Terminamos con un clásico mel i mato.

La cuenta para dos personas con un par de copas de vino fue de 98€ (49€ pp), un importe razonable para lo bien que comimos. Un restaurante recomendable.

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