A lo largo de sus casi tres décadas de trayectoria, Casa Ormaza, con la cocinera Paloma García Lomas al frente, se ha distinguido por mantener una esencia de casa de comidas con toques de autor en un local pequeño y elegante de unas seis mesas. La sala da la sensación de ser un salón particular, decorada en tonos teja y albero, con mantelería y vajilla impecable y paredes decoradas con cuadros.

Comenzamos con un aperitivo de la casa, mondas de patata crujientes.

Nos recomendaron probar su ensaladilla Ormaza, con patata, huevo duro, aceitunas con anchoa y piparras. Un acierto.

Los platos de cuchara están fuera de carta, y pedimos su fabada. Se mantiene la costumbre de dejar el puchero directamente sobre la mesa para servirse cada uno la cantidad que quiera. Destaco la fabe asturiana tierna, entera y sin pieles sueltas, conservando una textura untuosa. Diría que de las mejores que recuerdo haber comido. El compango (chorizo, morcilla y tocino) se cocina de tal manera que queda muy bien desgrasado permitiendo que no sea un plato pesado y grasoso.

Cachopo de ternera asturiana relleno de queso y jamón serrano con un rebozado fino y crujiente. A diferencia de la inmensa mayoría de los restaurantes que únicamente fríen la pieza, en Casa Ormaza el cachopo se pasa por la freidora y se acaba en el horno. Este paso final permite que el queso se funda a la perfección de manera uniforme y que la carne mantenga toda su jugosidad sin quedar aceitosa.

La carne gobernada, uno de los platos más conocidos, y que en la carta detallan como “plato premiado”. Es un estofado de ternera roxa asturiana, una carne de excelente calidad, y que se cocina de manera tradicional donde la carne es guisada lentamente en su propio jugo.

Terminamos con su tarta queña, una receta secreta que nos gustó mucho.

La cuenta fue de 100€ para tres personas con cerveza y agua. Un restaurante MUY RECOMENDABLE.