Durante años fue uno de mis habituales y resultaba de lo mejor de la zona. Como a veces me ocurre, un año dejas de ir y desaparece de mi radar. Creo que hace 4 o 5 años que no regresaba. Desgraciadamente la experiencia no ha sido bueno y va a pasar mucho tiempo hasta que vuelva.

Comenzamos con un carpaccio de atún rojo salvaje con picadito de verduras y aceite de soja. Excesivamente salado, no lo disfrutamos. Además la cebolla cruda no aporta nada a este plato y quita sabor al atún.


Sepia del mercado con verduras y ‘picaeta’ de cacahuete con su tinta. Lo mejor de la cena.

Puerro a la llama con salsa castle blue y almendra tostada. Desastre. No se puede presentar un puerro sin quitarle la primera capa, que es fibrosa y dura, ni cortar su extremo. Una vez limpio, era sabroso, aunque con un sabor demasiado intenso del queso.

Rodaballo con crema de chirivia y patata morada. En la foto parece que el pescado era más grueso de lo que fue, ya que la chirivía a la brasa estaba por debajo. En cualquier caso fue un plato correcto, sin más.

De postre un par de tartas, de queso tipo “deconstruido” con una bola de helado de violetas y tarta de chocolate. Lo mismo, correcto sin más.


La cuenta fue de 107€ para cuatro personas con cervezas. Una mala experiencia.