La Catapa

Ubicada en la dinámica zona gastronómica de Retiro, La Catapa se define como una taberna con alma en el corazón de Madrid: cocina tradicional española reinventada con modernidad, técnica y un compromiso con el producto de temporada. Desde que abrió sus puertas en 2010 —y especialmente desde su traslado en 2013 al actual local, tras la mudanza de Taberna Laredo—, este espacio se ha consolidado como una de las mejores barras de Madrid.

Al frente del proyecto está el chef Miguel Ángel Jiménez, formado en cocinas de prestigio como El Amparo, El Cenador de Salvador, Guisando o Ramsés. Uno de los puntos fuertes de este restaurante está en contar con un equipo profesional, cercano y con excelente trato al cliente: Pedro Martos en la barra, Lucho en sala y la sabiduría de Nico Fernández como sumiller forman parte del equipo.

El local, que acaba de renovar con acierto su imagen de marca, poniendo en valor su apuesta por los vinos y el tapeo de calidad, combina dos ambientes: una dinámica zona de barra con mesas altas ideal para tapear, y un comedor con capacidad para 20 comensales, donde la mantelería de tela y la cristalería de calidad elevan la experiencia.

La carta es amplia y permite la opción de medias raciones, lo cual siempre es de agradecer. Además, y en línea con su esfuerzo por traer producto fresco y de temporada, cuenta siempre con un extenso fuera de carta, en el que tienen la deferencia de detallar el precio de cada uno de los platos.


Comenzamos con unas piparras, que acababan de recibir, perfectas para abrir boca, y unas flores de alcachofa confitada.

Fuera de carta tenían raya en escabeche, que resultó un acierto. Un fino escabeche casero que realzaba el sabor del pescado. Un plato que disfrutamos mucho.

Uno de los imprescindibles de La Catapa son sus callos, en mi opinión de los mejores de Madrid. Tanto gustaron que una vez acabada la ración, pedimos otra más.

Cerramos con un contundente lomo de carne roja con patatas y piquillo, jugoso y con un punto impecable.

La parte dulce fueron un milhojas de piñones caramelizados y helado de turrón, que no destacó, y un estupendo flan de queso con helado de violeta.

La cuenta para cuatro personas fue de 220 € (55 € por persona), incluyendo dos botellas de Botani blanco, un vino malagueño elaborado con uva moscatel que nos recomendaron y fue una agradable sorpresa. Una relación calidad-precio más que razonable para una buena experiencia gastronómica.

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