Un restaurante mexicano ya veterano en la zona, inaugurado en 1995, con decoración abigarrada, colorida y llena de motivos típicos mexicanos, pero que decepciona mucho en la comida. No lo puedo recomendar.

Comenzamos con unas quesadillas Gringa Chipotle, que resultaron lo mejor de la comida.

Compartimos dos platos grandes (6 tacos cada uno) de birria, con una carne seca y poco sabrosa, y otro de cochinita pibil, que no estuvo mal, dentro de la mediocridad del restaurante.



De postre, crep mixta de dulce de leche y chocolate. Nada destacable.

La cuenta para dos personas con agua fue de 56€, casi 30€ por cabeza, por una comida bastante vulgar. Para no volver.