Ubicado frente al mar, Querida Mar ofrece una cocina de mercado actual, con una carta reducida y un menú del día por 28,50€, disponible tanto a mediodía como por la noche. Este establecimiento forma parte del grupo liderado por El Serbal, reconocido referente de alta cocina en Cantabria, que además gestiona otro espacio con el mismo concepto: Querida Margarita, situado en la antigua sede de El Serbal en el centro de Santander.
¿Qué destaca de Querida Mar?
Sin duda, las vistas. La sala, de estilo moderno y abierto, cuenta con grandes ventanales que dan directamente a la segunda playa del Sardinero convirtiendo cada comida o cena en una experiencia visual inigualable. El ambiente y detalles cuidados refuerzan la sensación de calidad. El servicio es atento y en general busca agradar.


En mi última visita, noté un incremento en el precio del menú respecto a visitas anteriores, junto con una oferta culinaria que parece haber perdido algo de brillo. Aunque los platos son correctos, eché de menos más intensidad de sabor y mayor precisión en la ejecución.
Comencé con un arroz con papada, setas y alioli. Un plato que, aunque bien presentado, resultó algo insípido. Quizá la comparación con los arroces valencianos –recién vivida tras un mes en Castellón– sea exigente, pero en un restaurante con el respaldo de El Serbal, se espera una mayor profundidad de sabor.


De segundo, probé el codillo deshuesado con zanahoria y kimchi. Bien cocinado, aunque sorprendió su formato: un medallón de carne asada al horno, más cercano a un guiso desgrasado que a la tradición del codillo estofado. El toque de kimchi pasa desapercibido.

El cierre llegó con una degustación de quesos cantabros, una forma agradable de terminar, aunque la ración es poco generosa. Hubo un queso que no pude identificar y la camarera no pudo informar sobre su procedencia o tipo.

Aunque la propuesta gastronómica actual no destaca demasiado, Querida Mar sigue siendo una parada recomendable si se está en Santander. Su ubicación privilegiada, el ambiente cuidado y las vistas al mar lo convierten en un lugar ideal para disfrutar de una comida con encanto.