TRÜ es el restaurante de formato informal del chef galardonado con estrella Michelin Artur Martínez (creador de Aürt), ubicado en pleno Eixample de Barcelona. Inaugurado a principios de 2026, el concepto se define como “la otra cocina catalana”, una propuesta centrada en platillos para compartir que rescata recetas históricas olvidadas y productos del territorio alejados de los tópicos habituales.
Es un local de aire actual y acogedor, con paredes de piedra vista y tonos oscuros. Cuenta con mesas y una atractiva barra desde donde se puede ver la cocina en directo. A destacar el excelente equipo de cocineros que acompañan a Artur, en especial Pol Ruiz Massip y Marc Cano.



Varios tipos de pan con salsa de almadroc y de romesco, dos salsas tradicionales de la gastronomía catalana, además de un aceite llamado L’Oblit, del Celler Can Morral del Molí, con una variedad de oliva becaruda una variedad autóctona y de cosecha temprana de las comarcas del Baix Llobregat y el Vallès Occidental. No podía faltar tampoco el pan con tomate.


Comenzamos con presa de bellota curada y praliné de piñones-boletus. La presa ibérica se somete a una curación propia en el restaurante utilizando únicamente sal y azúcar que contrasta con la la base del plato con una crem a base de piñones tostados y boletus. Se corona con perlas de arroz crujiente.

Salmorejo de gamba roja, una de las creaciones del recetario de su etapa en Aürt. Un salmorejo ligero que se elabora sobre una base de tomates previamente fermentados. La gamba roja mediterránea se sirve cruda, a menudo pincelada con sus propios jugos para elevar el sabor marino.

Berenjena a la llama acompañada de una delicada crema de almendras y queso fresco.

Arroz cremoso de pollo asado. El arroz se cocina con una técnica similar a la de un risotto italiano, pero en lugar de utilizar mantequilla o queso para ligarlo, se realiza con la grasa del propio pollo asado clarificada y emulsionada. Un plato con mucha técnica pero que ha sido el que menos me ha interesado.

Un plato fuera de carta fueron estas flores de calabacín rellena.

Caballa a la brasa, que se cocina con carbón natural exclusivamente por el lado de la piel. Esto consigue que quede extremadamente crujiente por fuera mientras que la carne se mantiene jugosa. Se presenta completamente limpio y sin espinas ligando un refrito de ajos con los propios jugos del pescado y aceite, creando un elegante pil-pil.

Para cerrar con un postre, nos ofrecieron una primicia, ya que aún seguían trabajando sobre este plato, a base de higos y helado.

La cuenta para dos personas fue de 143€ (72€ pp) con cerveza y agua. Una experiencia recomendable.