Hacía varios años que no venía a este restaurante y me ha sorprendido gratamente.

Tras unos vasos gazpachos de bienvenida, comenzamos con una ensaladilla rusa de bonito del norte.


Seguimos con una tarta fina de morcilla de león y piquillos confitados. Muy buena combinación de la morcilla con los pimientos, nos gustó mucho.

Dados de solomillo salteados al ajillo, un plato que ya conocía bien de su restaurante Cachivache.

Terminamos con uno de sus postres más emblemáticos, el pastel ruso con helado de Baileys. El pastel ruso, muy tradicional en Huesca, se caracteriza por dos planchas finas de bizcocho dacquoise (almendra, avellana y clara de huevo) relleno de una cremosa crema muselina de praliné.

La cuenta para dos personas fue de 60€ (30€ por persona). Una experiencia muy recomendable.