Este asador familiar, que nació como carnicería a principios del siglo XX, se ha convertido en un lugar de peregrinación gastronómica gracias a su excepcional lechazo asado lentamente en horno de leña, proveniente de un único criador y cocinado de manera tradicional.

Comenzamos con unos magníficos espárragos con ajo blanco. Estando en plena temporada de espárragos no era para menos.

Seguimos con una curiosidad fuera de carta: pimiento chocolate a la brasa. Nunca había oído acerca de esta variedad de pimiento dulce que debe su nombre al color marrón oscuro de su piel al madurar (y no, no sabe a chocolate). Resultó un platazo.

Y seguimos con un cuarto de lechazo asado (50€) que hace honor a su fama.

Para terminar, arroz con leche.

En total la cuenta para dos personas fue de 109€ (55€ pp) con una botella de vino Pago de Capellanes (20€). Una experiencia muy recomendable.